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lunes, 19 de noviembre de 2012

Deathevokation - The Chalice Of Ages (2007)


Es curioso pero con Internet se ha dado una curiosa paradoja en cuanto a la música.
Antes uno tenía que escoger muy bien que álbum comprar pues no había la cantidad de información disponible como ahora y prácticamente compraban a ciegas. Hoy día descargamos a ciegas por la sobreabundancia de información. ¿Cuantas bandas de Death Metal hay hoy día, y cuantas merecen la pena?
Ahora hay que escarvar en el montón para encontrar algo interesante, y lo peor en ese sentido es que no siempre el país es indicativo de la calidad. Aunque Suecia, Finlandia o EEUU siempre han sacado buenas bandas, no quita que haya bodrios, la diferencia con respecto a antes es que cualquiera se publicita hoy, sean malos o buenos. Igual encontramos una banda de Kazajistan que están haciendo un Thrash Metal innovador y distinto a todo lo demás. Tal vez por eso, encontrar joyas ocultas actualmente es toda una alegría, y ese por ejemplo es uno de los propósitos de este pequeño pozo de inmundicia musical en el que estáis perdiendo el tiempo.
Deathevokation no son de ningún país extraño, son de EEUU, que ha dado de todo, tanto bueno como malo. No obstante, ya por el nombre, podemos intuir fácilmente que sus referentes no son compatriotas, sino que vienen de la fría Suecia, tal y como podemos comprobar fácilmente por su sonido.
No obstante no todo se queda en una adoración a los dioses suecos, aunque haberla hayla, no son pocas las similitudes que hay con Entombed, Dismember o Unleashed, e incluso hay espacio para más Death Metal europeo con una versión del Chunks Of Meat de los holandeses Antropomorphia. En pocas palabras, de americanos tienen bien poco, por lo demás rezuman a europeo que da gusto.
Aunque suene extraño, el adjetivo idóneo para este álbum sería "bello". Los americanos se mueven entre el Death de la vieja escuela y el melódico, porque solos que parecen inspirados por los últimos Carcass o los viejos Arch Enemy hay unos pocos, al igual que riffs sacados de la escuela de Gotemburgo, algo que notamos desde la introducción de Rites Of Desecration, arrancando con una siniestra melodía que parece idónea para pasear por una mansión en las Montañas Arklay...
Es importante recalcar el hecho de que es un álbum de los que deben escucharse de una pasada. Es una hora de Death Metal, si, pero es mejor hacerlo para no romper los interludios en el disco que hacen que sea como un sólo gran tema. Ni mucho menos este recurso es novedoso, pero es algo que no se suele usar en el Metal Extremo "convencional". Ahí está una de las bazas de los americanos, sobretodo porque nadie lo espera de una banda más de Death Metal, sorpresas amigo, sorpresas...
Así por ejemplo, tras dos temas más de la vieja escuela sueca como son Acherontic Epitaph y The Monument, esta última enlaza con una breve introducción ambiental para Embers Of A Dying World, un corte un poco más orientado al Doom que parece ser les encanta a estos chavales que acaba con un interludio acústico más propio de los primerizos Dark Tranquillity y At The Gates, el cual encaja perfectamente con la melancólica The Chalice Of Ages que tampoco se queda corta en duración y roza los nueve minutos. Pero como no todo puede ser soledad y tristeza Infinity Blights The Flesh vuelve para arrancarlos la cabeza con un ritmo rapidísimo que progresivamente irá reduciendo intensidad para recordarnos a los primeros Paradise Lost y My Dying Bride. Curiosamente Carrion seguirá el camino contrario, de una guitarra acústica que recuerda más a [introduzca banda europea], a finalizar abruptamente a base de Blast Beats y velocidad desbocada.
Tras la antes citada versión de Antropomorphia, la cual hacen suya con ese aura tan oscura que imprimen en todo el disco, llega la joya de la corona. Un himno de diez minutos con un nombre que lo dice todo, As My Soul Gazes Skywards. Doom/Death melancólico, triste, pero sobretodo elegante y bello, donde no sobra ni un sólo segundo y que justifica por completo la escucha del álbum completo solo para llegar al final.
Sería muy fácil ir describiendo las distintas partes de la canción, bien diferenciadas, pero prefiero crear expectación para el que no haya descubierto aún este pequeño tesoro.
¿Lo peor del álbum? Que cinco años después no haya tenido continuación, y no parece que vaya a haberla aún, porque esta hora deja con ganas de mucho más, con qué serían capaces de hacer con mejores medios. Aquí hay talento para hacer un Death Metal distinto, muy imbuido por la corrientes europeas, y aunque no serán lo más novedoso del mundo, más gente como ellos se necesita.

Nota: 9

martes, 13 de noviembre de 2012

One Man Metal


No suelo dedicarme a colocar simplemente vídeos en mis entradas, aunque esta vez lo merece.
Hace tiempo que se estrenó la primera parte, pero no ha sido hasta hace escasos días cuando se ha publicado este fantástico mini documental producido por Noisey. Web de música que no tiene nada que ver con el Heavy Metal, pero que sin embargo se ha sacado de la manga un documental sobre un aspecto hasta ahora no cubierto por ningún otro trabajo audiovisual: Las bandas de Black Metal unipersonales. No es el típico documental sobre como Venom empezó todo y su influencia en unos chavales nórdicos con ganas de guerra y anticristianismo.
Nunca se ha hecho hasta ahora porque los miembros de las tres bandas entrevistadas, Leviathan, Striborg y Xasthur siempre han rehusado a las entrevistas o a cualquier contacto con los medios. Hasta el punto de vivir aislados del resto de la sociedad, y ya de dar conciertos ni hablamos.
Es un contacto con un mundo que siempre ha querido permanecer ajeno y oculto a todo, y una buena manera de aproximarse al motivo de por qué dedicarse a un tipo de música tan particular desde una óptica aún más particular y sus razones para hacerlo, y comprender la auténtica soledad de estas personas.
Y aún así, y a pesar de ser tres bandas relativamente conocidas para los aficionados a la escena, y tener un estilo musical muy similar, también podemos apreciar que en el fondo son individuos que se diferencian más de lo que parece. Mientras Jef Whitehead de Leviathan parece ese hombre eternamente cabreado con el mundo, Russell Menzies reconoce que es completamente compatible su música con ser marido y padre. Mientras que Scott Connor es el más solitario y receloso con la sociedad de todos, y que no niega que su música pueda influir en los suicidas.
Desgraciadamente no hay subtítulos en castellano, así que para entender el documental en su mayoría, cierto nivel de inglés ayuda bastante.
Disfrutad.





miércoles, 7 de noviembre de 2012

Absvrdist - Illusory (2012)


Lo bueno de tener un pequeño blog de música y además poner un correo para todo quien quiera envíe material para promocionar a su banda, ya sea propia o de su sello (recordad, el mail que teneis en el recuadro de vuestra derecha) es que las discográficas pequeñas no escatiman para hacerte llegar sus novedades para que les des publicidad. Lo malo es que envían tanto que es imposible mirarlo todo, y más aún cuando suelen ser bandas similares. Así que como en los viejos tiempos hay que escoger casi a ciegas y guiándose por la primera impresión para escoger algo que valga la pena... y aquí veis el resultado.
Los de Abyssal Warfare, entre muchos otros trabajos me enviaron el debut de esta banda de Grindcore con un sonido cuanto menos curioso.
Este proyecto de tan solo dos miembros, además de ser uno de ellos el batería de The Faceless, me hacía presagiar que aquí no había tan solo unos novatos con ganas de reventarles el tímpano a los vecinos a través de descontrolado Grind.
De hecho a día de hoy me sigue sorprendiendo como de un subgénero del Hardcore que en principio parecía muy limitado musicalmente, a través de diversas fusiones y mucha experimentación ha llegado tan lejos que por ejemplo, nada tienen que ver Last Days Of Humanity con Rotten Sound o Agoraphobic Nosebleed. No es que el Grindcore sea propenso para experimental, es que se mea en las fronteras de los géneros establecidos, y si no, hay que mirar las "burradas" que se han hecho en el nombre del Grindcore, algunas de ellas incluso difícilmente podrían ser consideradas música propiamente dicha, aunque eso es otra historia...
Absvrdist no van a cambiar el género, pero traen una propuesta bastante entretenida. No en la estructura de los temas, que siguen rondando el minuto, minuto y medio, menos el tema que cierra el disco, Abstract Absurdities que llega a los cuatro minutos de sobra, el único corte donde no meten acelerador a tope y lo orientan más riffs más Groove, terminando incluso con una guitarra acústica en los últimos segundos.
Absvrdist no es la típica banda de Goregrind, para empezar porque la voz se mueve entre el Hardcore y el Black Metal y no busca ese sonido gutural de ultratumba.
Los riffs también se mueven por ese espectro, haciéndonos por pensar por unos segundos que estamos escuchando esos pasajes más típicos de Dark Funeral o Immortal, hasta que un Blast-Beat 100% Grind nos devuelve a la realidad. Ejemplos de estos hay unos pocos, como Exposure, Mindless, Amongst Human, o Illusory. Lo mejor es que estos "deja-vú" a otros géneros musicales son muy breves y pronto el tema puede pasar a contener riffs más similares al Hardcore o incluso al Thrash. Podría seguir poniendo ejemplos, pero lo cierto es que todos los temas contienen esa "semilla" en ciertos instantes.
Pero que a nadie se le olvide que al fin y al cabo que la base es Grindcore y los elementos anteriores son tan sólo influencias y aquí lo que vale es poder abrirle la cabeza al de al lado con la música. Sigue siendo música agresiva, abrasiva, y preparada solo para oídos bastante entrenados en estas lindes. Pero con un envoltorio relativamente novedoso, hecho para dar un poco de variedad ante tanta batería desbocada, tanto riff hipersónico y voz ininteligible.

Nota: 7'5

miércoles, 31 de octubre de 2012

Crítica de discos: Cryptopsy - Cryptopsy (2012)


Dicen que cuando una banda decide titular a su disco de manera homónima es una manera de reivindicarse a sí mismos, de demostrar su identidad. Algo que les hacía falta a los canadienses tras su fiasco con The Unspoken King, llegando hasta el extremo de que algunos fans desearon que el autobús de la banda se despeñase por un terraplén. La respuesta de la banda ante ellos tampoco fue menos...
La verdad es que ni siquiera fueron honestos consigo mismos. Decían que querían experimentar con ese álbum, algo totalmente falso si tenemos en cuenta que Once Was Not era realmente un disco experimental, con sonidos que no habíamos oído antes en un disco de Cryptopsy. Sin embargo la jugada de la banda fue esconder el error de haberse dejado influenciar demasiado por su nuevo cantante, Matt McGachy, al que en más de una foto se le ha visto con camisetas de Despised Icon y similares... El problema es que este intento de captar público más joven no iba a funcionar nunca en Cryptopsy. ¿Por qué? Pues bien, además de que ya tienen toda una carrera de leyenda detrás con joyas como Blasphemies Made Flesh o esa cafrería llamada None So Vile, su público es el mismo que escucha Cephalic Carnage, Suffocation, Origin... no estas bandas basadas en el breakdown. Además de que dudo bastante que su última obra, tan Deathcore, haya sido escuchada en masa por los fans de Suicide Silence, por no decir que ni los conozcan.
A todas luces fue un paso el falso hacia tierra de nadie y este álbum homónimo sirve para decir que han vuelto, que siguen siendo los mismos animales de siempre. Como pequeño guiño al pasado, en la portada hay ciertos detalles escogidos de sus anteriores álbumes, toda una declaración de intenciones...
¿Es un trabajo que vuelve a los senderos tradicionales? Completamente. Cumple las espectativas de lo que debería ser Cryptopsy. No hay voces limpias, ni breakdowns, ni nada que tenga visos de Metal Moderno. Lo cual es bueno, pero deja cero factor sorpresa. Desde el primer segundo vamos a saber exactamente lo que vamos a encontrar, y queramos o no, el impacto se reduce. Lo que no quiere decir que pierdan pegada, y por si quedan alguna duda lo demuestran nada más comenzar con Two-Pound Torch con una suave base de batería, la pacífica voz de McGachy y unos riffs que como es habitual no tienen pinta de ser nada sencillos, y como no, los habituales cambios de ritmo en el tema que parecen imposibles para un ser humano normal. Muchos atribuyen la vuelta al sonido tradicional de la banda al retorno (aunque ahora ha vuelto a irse...) de Jon Levasseur, que ya estuvo con ellos desde el debut hasta el And Then You'll Beg, lo cual no creo que sea del todo cierto. Primero porque contribuyó a discos con un sonido no tan habitual, y segundo porque los canadienses nunca han hecho un solo acorde sencillo con y sin el. Cryptopsy han vuelto a ser lo que eran cuando se han dedicado a hacer lo que se les da bien.
Donde sí se ha notado más la mano de Levasseur ha sido en esos pequeños toques jazzeros que encontramos de vez en cuando, véase la introducción de Shag Harbour's Visitors o el interludio final en Red-Skinned Scapegoat. Aunque este último parece más una pequeña coña dentro de la canción para quitarnos un poco de presión ante la tormenta de brutalidad en la que estamos, eso sí, que a nadie se le olvide que la complejidad del jazz sigue presente en esas líneas de guitarra y bajo que obligan a marear los dedos constantemente y adaptarlos en milésimas a cambios de ritmo brutales, sin transición alguna muchas veces.
Al impecable Flo Mounier se le une Olivier Pinard, de Neuraxis y como podréis suponer ha sido un digno sucesor a Éric Langlois en el bajo. En pocas palabras, dudo mucho que lo echeis de menos. Aunque sí que es cierto que en este disco el bajo se luce un poco menos, tapado por las seis cuerdas en la mayoría de las ocasiones. Esas pequeñas improvisaciones de este grave instrumento es algo que se echa en falta y que le quita ese puntito de locura que tenía el None So Vile.
Tras su obra homónima solo queda decir que han vuelto muy fuerte para recuperar su cetro, manchado hace cuatro años. Han hecho el disco que sus fans, y muy posiblemente ellos querían. Un trabajo identitario que suena ni más ni menos que a ellos mismos. La lástima es que es un poco como ver Holocausto Caníbal a día de hoy, lo que antes impresionó, hoy no tanto por el simple hecho de que ahora existen mil Saw.
No obstante nadie dice que no a una buena ración de brutalidad hecha por unos expertos, que puede que no impresionen tanto, pero todavía siguen teniendo la fuerza suficiente como para arrancarte la cabeza.

Nota: 8'5

lunes, 29 de octubre de 2012

Crítica de discos: Rise To Fall - Defying The Gods (2012)


Seguramente muchos de vosotros hayáis oído hablar de estos chicos de Bilbao que han hecho un disco de Death Metal Melódico a la altura de las bandas de Escandinavia, y Europa central, demostrando que la calidad no tiene por qué reñir con la geografía, y que las bandas españolas también pueden hacer grandes álbumes con un sonido espectacular.
Pues bien, de todo lo dicho anteriormente lo único que es cierto es que el álbum suena muy bien producido, un sonido puro, cristalino... y sobreproducido. Dudo mucho que en directo consigan recrear todos estos sonidos tan limpios, pero en fin, es lo que exige el género del "Modern Melodic Death Metal" ¿no?
Y es que esta parrafada de subgénero que no me he inventado y que usan las discográficas para bandas como esta o Jotnar, se usa para disimular el descarado plagio que se hace al Clayman de In Flames. No hablo ya de copias de In Flames, hablo de copias de un disco de In Flames. Porque queramos o no, esos In Flames ultra modernizados que empezaron en el Colony, han sido una influencia aún mayor que los primerizos (y superiores) In Flames que compusieron discos bastante más cercanos a lo que es realmente el Death Metal Melódico.
Y es que las etiquetas son un arma de doble filo, que bien sirve para agruparte con los de tu "especie" o directamente te puede destrozar si las comparamos con las bandas con las que te comparan. ¿Acaso se parecen en algo Rise To Fall a Dark Tranquillity, Hypocrisy, At The Gates o Insomnium? Ni en la afinación de las guitarras. De ahí la coletilla "Modern" para que los intransigentes cerrados de mente como un servidor no se les echen al cuello y ataquen su mediocre música. Porque no es que ellos no tengan nada que ofrecer salvo unos estudios de grabación que hacen maravillas, no. Somos nosotros los que no entendemos su arte, los que no dejamos vivir, los que no tenemos vida propia y tenemos que amargar al resto por nuestra cerradura de mente. La culpa siempre es del otro, así que usamos una coletilla como escudo ante la tormenta de mierda que puede llovernos. Podrían llamarlo "Claymancore" o "Clayman Metal" y serían bastante más honestos y aquí no pasa nada y todos tan amigos.
¿Por que los medios especializados patrios les han hecho la ola? No lo sé, tal vez han visto algo que yo no, tal vez el sonido tan cristalino les haya conducido al engaño, porque tras una producción tan buena no se esconde absolutamente nada. Un disco con poca calidad, que es un refrito 100% del susodicho álbum de los suecos. Cada riff parece decir a gritos "¡Mira, soy como Jesper Strömblad!". Una cosa es mostrar tus influencias y otra muy distintas es fusilarlas descaradamente. Ya que estamos podrían haber copiado el Whoracle, o el Lunar Strain e incluso poner algo del The Gallery de Dark Tranquillity, pero claro, eso ya no suena tan claro, ya no entra a la primera, es más difícil de asimilar. Implica cierto esfuerzo que no estamos dispuestos a hacer. Mejor hacer unos cuantos gritos Hardcore y después usar voz limpia en el 60% de la canción, no vaya a ser que se me queme la garganta, pero ¡ojo! que yo hago DEATH Metal Melódico, y después meto estribillos facilones en todos los temas, que tampoco tengo muchas ganas de pensar en algo un poco más elaborado. Esta voz vaga me recuerda más a Sonic Syndicate, esa banda de Metalcore mediocre que también se dedica a copiar a los Nu-In Flames y Killswitch Engage.
Y no, tampoco meter electrónica en el principio de todos los temas te hace ganar variedad, resulta cansino y consigues que todos tus temas resultan iguales, algo meritorio si tenemos en cuenta que tu música está hecha para ser accesible. Ahí tenemos el elemento Death del disco, han conseguido que todos sus temas sufran una alarmante falta de heterogeneidad, como una banda de Death Metal mediocre.
¿Y por qué no he analizado ningún tema? Porque escuchado uno, escuchado todo este festival de tópicos. Riffs tipo Maiden, más limpios aún que los de los propios británicos, algo paradójico para una banda de Death melódico, estribillos recurrentes, una voz debilmente rasgada en los versos que no está por la labor de  ser más agresiva y una batería con el ritmo característico "tupa-tupa" y algún doble bombo. Eso es lo más agresivo que hay en todo el álbum y tampoco es que den ganas de abrirse la cabeza al ritmo de la música.
Pero al César lo que es del César y hay que reconocerles que el disco es muy fácil de escuchar, sin que nos demos cuenta habremos pasado por los once temas del disco sin pena ni gloria, sin nada que destacar, salvo la sensación de que han sacado Clayman 2.
Antes de acabar, un último apunte, aunque este disco fuese etiquetado como Metal Moderno, o Metalcore (dos definiciones que se le ajustan mejor) seguiría siendo igual de mediocre. Porque usar una buena producción para tapar tus carencias es hacer trampas. Y por cierto, es curioso pero en España es el sitio donde mejores críticas que he oído sobre el álbum, más que en el extranjero, por algo será... eso sí, esta vez no pueden decir que nunca valoramos lo nuestro.

Nota: 3'5

jueves, 25 de octubre de 2012

Crítica de discos: Fear Factory - Demanufacture (1995)


La entrada de hoy es una de esas que no están regidas por la novedad, ni la relevancia, ni la originalidad. Simplemente el capricho personal de un servidor, que no puede dejar pasar una de los mejores discos de los 90, una de las obras maestras del Metal Industrial, ese género tan infravalorado. Y me permito esta soberbia, queráis o no, porque es uno de esos álbumes que desde el primer segundo sabes que es especial, que te atrapa sin remedio y sigues escuchándolo insistentemente, y ni que decir tiene el significado especial que tiene para mi este disco.
Si, y digo esto plenamente consciente de que es un movimiento suicida pues acabo de borrar gran parte de la objetividad al reseñar este disco. Pero es que cuando una obra consigue exactamente lo que pretendía, no hay más que hincar la rodilla y quitarse el sombrero. Porque los californianos funcionan como una máquina letal, sin fallar una sola cuchillada, cada una de las piezas del engranaje hace su trabajo a la perfección y no hay ni una sola nota, ni un solo ambiente fuera de lugar.
No es casual que los compañeros de profesión de Fear Factory alabasen su segunda obra, ni que el público también haga lo mismo. Incluso la crítica tuvo que rendirse a la evidencia.
También porque es un disco seminal, de esos que enterró la semilla y sus frutos siguen floreciendo hoy día. ¿acaso no nos suena la manida combinación vocal de gutural y melodía, o los riffs cortantes? Por no hablar de todas las bandas de Metal Industrial actuales que le deben mucho no sólo a este Demanufacture, sino a Fear Factory en general. Desde Sybreed a The Amenta, y tampoco sería raro decir que Al Jourgensen cogió unas cuantas ideas para la versión más agresiva de Ministry.
Se suele decir que Fear Factory es una banda de puente, de esas que ayudan a que los menos iniciados en un estilo puedan acceder a los intocables de dicho género. Lo cual es una afirmación completamente cierta, no sólo en términos de popularidad, sino en el ámbito puramente musical. Porque las raíces de la banda se hunden hasta llegar a los mismísimos Godflesh. Buena prueba es la fantástica versión de Dog Day Sunrise, un tema bastante positivo (para el género del que hablamos), creado por Head Of David, un proyecto olvidado de Justin Broadrick. Independientemente de los que hiciesen Fear Factory después, es innegable que sabían muy bien lo que hacían, muy conocedores de toda la escena Industrial y que tan bien supieron trasladar a su primigenio Death Metal.
Tampoco podemos ignorar al quinto miembro de la banda, siempre en un injusto segundo plano. Hablo del hombre tras los teclados y además productor, Rhys Fulber otra referencia dentro del mundo de la música industrial. Un hombre con un Curriculum nada desdeñable, que incluye ser una de las cabezas pensantes en Front Line Assembly, ha trabajado con Paradise Lost, Nailbomb... por no hablar de las remezclas que ha hecho a bandas como Megadeth.
El y su teclado son los responsables de la magnífica atmósfera que respira el disco, que transmite esa frialdad propia de una máquina. Capaz de generar gélidas introducciones como la de Demanufacture, H-K, o A Therapy For Pain, cuando es preciso, pero siempre es un elemento de acompañamiento indispensable. No roba demasiado protagonismo pero sería imposible que el álbum sonase así sin el.
Además tanto Burton C.Bell, como Dino Cazares y Raymond Herrera se encontraban en estado de gracia.
Como decía un amigo mío "lo de Dino tiene mérito, con tanta distorsión y que sea capaz de construir un sonido tan limpio". Y es que Dino se luce aquí de sobra con sus riffs machacones y repetitivos, sin solos, pero es que el objetivo es dejarte pegado al suelo, porque no se busca la virtuosidad, sino la contundencia. Algo relativamente nuevo si tenemos en cuenta de que veníamos de una generación donde el guitarrista más rápido ganaba, y no necesariamente tenía que ser el mejor.
También podría hablar maravillas de Raymond Herrera, ese hombre que a pesar de usar triggers, siempre intentó tocar como la batería programada de Godflesh desde su humilde condición de humano, y muy pero muy cerca se quedó. Más de un batería ha aprendido a tocar gracias al impresionante ejercicio de técnica que muestra Herrera a lo largo de los 11 temas.
Y como no, aunque Burton C.Bell acierte cuatro notas hoy día, que su voz tenga mil retoques de estudio... aquí funciona perfectamente. Tanto es así que nos da los mejores momentos del disco, con las partes finales de Zero Signal o Pisschrist, posiblemente la mejor de todo el disco, algo bastante meritorio teniendo en cuenta que no hay un solo segundo de relleno, otra cosa es que unos temas hayan tenido más repercusión que otros...
Alguno pensará que le estoy dando demasiada bola al disco, pero es que así es como debería ser el Metal Industrial. Frío, mecánico, machacón... y podría destriparos cada uno de los riffs del Demanufacture de tan grabados que los tengo en mi cerebro, pero creo que esta vez es mejor que el que no lo haya escuchado se sorprenda por sí mismo, y por otro lado, quien haya escuchado esta maravilla mil veces creo que no le contaré nada nuevo.

Nota: 9'5

lunes, 15 de octubre de 2012

Crítica de discos: The Faceless - Autotheism (2012)


Prácticamente The Faceless es una banda completamente distinta a la que produjo el entretenido debut Akeldama allá por 2006. Sólo queda la cabeza pensante del proyecto, el señor Michael Keene que ha demostrado con creces que su banda puede sobrevivir a pesar de todas las dificultades, como los innumerables cambios de formación en los últimos años.
Aún así y con la gran evolución que han pegado los americanos de un disco a otro (cuatro años de diferencia se notan bastante), mantiene ciertas señas de identidad "clásicas" de la banda.
Me explico, siguen sonando a The Faceless pero ahora sus influencias han cambiado notablemente.
Para empezar, sobre los americanos siempre ha habido bastante recelo por ese fuerte influencia Deathcore que tenían en su debut, y que hacía que su público objetivo fuese el mismo que escucha Veil Of Maya, After The Burial, Born Of Osiris... vamos Deathcore con teclados y con un poco más de complejidad en los solos. Aún así y en mi opinión, The Faceless siempre han sido superiores a todas las bandas de "su escena", por si acaso, esa influencia "moderna" ha ido desvaneciéndose de manera progresiva hasta desaparecer completamente en esta obra. Como antes dije, ahora este trabajo mira más hacia Obscura, Decapitated u Opeth, en especial las similitudes con estos últimos son bastante evidentes y buscadas. Esto también tiene sus riesgos, pues implica examinarse ante un público bastante erudito, que no perdona el mínimo traspiés. Sin miedo a equivocarme diría que, aunque sin superar a sus maestros se han sacado de la manga un álbum bastante competente y que sin duda vapulea a muchos contemporáneos con sus ideas tan claras.
Con tan sólo 40 minutos de duración se convierte en el disco más largo que han hecho, pero paradógicamente resulta ser bastante corto para lo que acostumbra ser un disco de Metal Progresivo (incluso en su variante más extrema). Lo bueno que tiene es que si nos ha gustado, nos dejará con ganas de más, y si no nos ha gustado... pues poco tendremos que aguantar el tormento. Seguramente gracias a su breve duración y que no es demasiado difícil de digerir, podría introducir a unos cuantos en el mundo del Metal progresivo. Tan sólo seis temas, si contamos la canción homómina, dividida en tres partes y con la nada despreciable duración de 17 minutos, más una intro y un tema de minuto y medio.
Lo que sí echo de menos es la agresividad que contenía su primera obra y todavía la segunda conservaba. Pero es el mismo mal endémico que veía yo en Opeth, si siempre les veía poco de Death Metal, a medida que pasaban los discos, esa faceta extrema iba borrándose cada vez más, y no, ese Heritage de Opeth no me pilló por sorpresa.
El disco empieza de una manera bastante inusual, la primera parte de Authoteism comienza por su parte más tranquila, Create. Con una melodía de piano a la que se unirá algo más de instrumentación para ir "in crecendo" hasta que arranca una suave guitarra límpia... con la voz limpia de Keene, que en esta primera parte será quien tenga todo el protagonismo, en detrimento de Geoffrey Ficco, el encargado de las guturales en el álbum y que adquirirá más protagonismo cuando estalle Emancipate, la segunda parte donde podemos escuchar de verdad a los The Faceless con esa agresividad renovada, con todos los elementos que vamos a encontrar en el disco. Blast-Beats no abusivos, shreds por doquier, juego de voz límpia/gutural, que aunque ya está bastante manido no hay que negar que cada una de las dos voces hace su trabajo estupendamente. Y como no, bajadas de intensidad con cierto toque blues para dar algo de variedad y de respiro. Realmente estas son las mejores partes, donde los músicos tienen algo más de libertad en sus mástiles y baquetas más allá del propósito de dejarte sordo a base de decibelios y distorsión.
No es extraño, ni mucho menos ver un tema de Death Metal con ciertas influencias Jazz, eso ya lo inventaron Atheist y Pestilence a principios de los 90. Y si bien es cierto que The Faceless no crean nada nuevo en Deconsecrate, ni siquiera al añadir un solo de saxo en la parte final del tema. Hay que reconocerles que desempeñan muy bien este cargo de "Jazz Metal". Si se hacen bien las cosas, da gusto oírlas, aunque no estén a recién estrenar.
Accelerated Evolution aporta un poco de variedad con esa introducción industrial bastante extraña, sin embargo después vuelve a cauces más conocidos con el riff principal donde los dedos suben y bajan como si nada, y con un estribillo limpio que resulta ser bastante pegadizo, y vete tú a saber por qué, me recuerda a esas bandas de Metalcore progresivo que últimamente estan surgiendo... Tras Ten Billion Years que sigue los pasos de su antecesora (como vemos por el título, estos chicos siguen indagando en la ciencia a la hora de encontrar temática), y la muy prescindible intro Hail Science llega Hymn Of Sanity, que a pesar de que dura tan sólo minuto y medio, no nos encontramos con algo más orientado al Grindcore, simplemente es como si condesásemos todo el disco en un lapso tan corto. Tema curioso cuanto menos.
Y como si de un círculo se tratase, empezamos con un tema tranquilo, y acabamos con el más melancólico que responde al nombre de In Solitude, que arranca con una guitarra acústica y la suave voz de Keene otra vez, donde poco a poco irá "haciéndose fuerte" pero desde luego no apretarán el acelerador al máximo, dejando que predomine la melodía y los sonidos limpios.
¿Es un disco previsible? Pues incluso viendo los dos álbumes anteriores, era difícil que hubiese este salto de calidad tan grande. Que no se malinterprete, tanto Akeldama como Planet Duality eran muy buenos álbumes, pero con este han pasado a jugar a otra liga aún mayor, ya no quedan referencias a las bandas con las que los asociaban habitualmente. Poco de "-core" pero mucho de Progresivo. Veremos en qué se queda esta afrenta a los grandes del género, de momento es un paso muy firme.

Nota: 8'4